“Lo que se dé”, en las manos (es un papel).

Se tropiezan las hojas,
se rompen algunas raíces
y se plantan nuevos recuerdos.

En tu mirada desafío el envejecimiento,
ayer, y hoy es el mismo.
Utopía o realidad, o a quien le importa,
futuro en el presente y el calor en las manos por todos estos años de gente.

¡Este es el camino hacia un año sin imágenes!
Y el mandato no es tortura, es vida de lo imprecedente.
Y
Un recorte del diario con el título “Lo que se dé” salió volando por la ventana. Aterrizó en un ombligo de una plaza el viernes después de (probar) 20 zapatos rotos y una (película) italiana, el piso estaba pegajoso, un grito (en silencio) en su cabeza, y sin electricidad para el ventilador esa tarde de verano que el único viento(*) se llevó el diario.

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* (…o el viento único? el viento es único cada vez. importa aclarar que por un acuerdo firmado en el siglo XII se dejaron de contar los vientos y se llamo solo “viento” a cada fracción de viento diferente al viento anterior. Habrían tenido problemas los aldeanos de York al hablar del viento 18899823678657234, cuando en Madrid se estaba en el viento 267823462348917468, la cuenta era claramente absurda de mantener, pero muchos reconocen que ahora se habla del viento como una entidad única y se perdió la noción de impermanencia en algo tan impermanente como los hijos y familiares del primer viento. Así también han sufrido todas las cosas impermanentes, que de hecho son todas las cosas que hay, por simplificar la numeración que alcanzaba digitos imposibles de recordar hemos, en el marco de la asamblea del siglo XIII, dejar de nombrar los cambios en la existencia de dichas cosas, pero repito, ahora, por desgracia, nos hemos olvidado de la impermanencia de todo, de que nada nunca es igual. Este texto ya ha de haber cambiado millones de veces, una en cada lectura, en cada pantalla, y vos (ni yo a veces) ni siquiera nos damos cuenta ni somos los mismos.

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