La otra vida.

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Es posible que ya no sea otro.
Que la sustancia es la misma cara que nadie vio igual ya no esta.
Más es soltar el dialecto que permea el aire de las manos nervios sin soltar.
Bajito es volar más.
Más es tierra fértil húmeda insecta directa al rizoma de la especie que la nutre vuelta al fondo de lo hondo circulante.
Lenguas subterráneas imprecisan horizontes expandidos.
Transmigración peatonal poluta de congruencias insospechadas.
Dormía el placer del recuerdo que no elije.
Sábanas de pavimento de quienes de cómos de cuando no miento ando y socavo esculturas de la mirada distraída del fruto fresco, fresca fauna que invertebra el camino nunca devuelto.
Sombra en el aire de los pies alrededor del justo roce cubre sospechas de lo no dicho para decirlo.
Pasaba y ya no paso.

El instante lo es todo

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El abrir y cerrar de ojos
El respirar, inhalar, exhalar.
En ese minúsculo instante todo cambia porque cada átomo del universo se movió minuciosamente. Se cayeron tres millones de átomos de la mesa en la que escribo y sin embargo la veo y siento “mesa” fija, estable.
La memoria produce al hábito, ¿o era al revés?
Nos olvidamos que la memoria tiene secuestrados los cambios que queremos ver, acordarse no es hacer, no es acto. Luego viene el acto.
Cada paso es el primer y último paso. Cada respiración es la primera y última respiración. Cada pensamiento es el primer y último pensamiento. Cada recuerdo es nuevo. Cada futuro nunca va a existir como fue imaginado porque la experiencia será más. Cada día es el primer y último día. Cada comida es la primera y última comida. No tanto es así para las cosas. Que parecen estar ahí para inmortalizarnos. Creo que para eso las tenemos, para hacernos sentir seguros. La remera azul sigue siendo azul, uf menos mal. El auto sigue siendo auto mañana y lo era ayer, y se estacionará en el mismo lugar varias veces. Lees esto y volvés a leerlo mañana y no dudas en que sea otro texto. Cambia todo, ¿pero este texto no cambia? ¿No cambian de significado las palabras? ¿No cambia lo que genera volver a leerlo? ¿La biblia es la misma que hace más de mil años cuando fue escrita? ¿Las palabras evocan lo mismo? ¿Los conceptos atrapados son los mismos? Al leer la palabra Dios ¿pensas siempre en lo mismo? ¿Al leer la palabra perro te imaginas siempre el mismo perro? ¿O es el mismo pero fue creciendo y ahora cuando digo “perro” viene a tu mente tu perro pero viejo? ¿O te imaginaste el último perro que viste en una situación emocionante y por eso ahora recordas ese perro?

Hay un árbol en el sur de la Argentina que tiene más de dos mil años. Vió todo, bueno no, pero mucho. Bueno no vió nada porque no tiene ojos. Ni piensa ni nada. ¿Alguna vez abrasaste un árbol? Uno de esos eucaliptos bien grandes y viejos, ¿alguna vez pusiste tu pecho y brazos abiertos en la insuficiente tarea de abrazarlo? Mi tía Juani me dijo una vez “Cuando llegues a un lugar (de viaje) abraza un árbol, te conecta con el lugar.” Lo hice sin dudar ni pensar un instante en que esperaría obtener con el acto, aún sabiendo porque lo estaba haciendo, no lo pensé, ni tampoco me pregunté por la magia que pueda llegar a correr entre una persona y un árbol. Fui y lo abracé. ¿Y que pasó? No recibí una transfusión de energía o cuentos susurrados y apretados de todo lo que había pasado en el lugar, como un resumen espectacularmente redactado y sin olvidar el mínimo detalle, no, nada de eso. No sentí un cosquilleo en el pecho. Fue y es, una extraña y linda sensación abrazar un árbol. Abrazarlo como se abrazaría a una persona que no ves hace mucho, por un rato, apretando un poco, queriendo agarrarlo con las manos. Cuando veas árbol grande y majestuoso en un campo o jardín, con o sin gente alrededor (la mirada del otro no tiene que influir en lo más mínimo, por eso mejor no explicar nada) simplemente, o mejor dicho, con la mente simple, andá y abrazá el árbol por lo menos por 3 minutos o más, sin pensar en porqué, solo un abrazo sincero al ente vivo que está ahí meditando en silencio durante toda su vida. Antes de abrazarlo míralo bien. Mirá todas sus ramas, como nacen la más grandes de su tronco y se van ramificando en más chicas, con sus curvas y hojas en las puntas, miles de hojas. Después te acercas lentamente y le das un buen abrazo.
Después volvés a leer esto y me contás como te fue.

 

La siguente imagen la saqué de http://www.old-chum.com/

pedro y el loro

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Pedro, Roberto, Pepe, Nadina. Pepe es un loro. Pedro es quien lo cuida. Roberto maneja un taxi, también cuida a Pepe, pero no conoce a Pedro. Nadina tuvo un sueño donde Roberto aparecía.

Ahora habría que describir toda la historia de estos personajes de una forma única e interesante, pero esa forma no existe. Porque el loro lo único que puede hacer es hablar, planchar, jugar al bowling, fumar un cigarro y escribir novelas sin personajes. Y Nadina tiene en sus sueños visiones de lo que ya pasó en la realidad, o no sabemos si la realidad obedece a los sueños de Nadina, como por ejemplo el árbol que amaneció pintado de rojo un domingo. Nadina soñó que lo pintaba una jirafa, pero la gente en la vida real se encontró con el árbol rojo sorpresivamente, sin haber visto quien lo pinto, y sin rastros de una jirafa. Y Roberto maneja un taxi y se pelea con el loro porque este le reclama que ya no le dedica tiempo a su relación, que no es el mismo desde que tiene un diesel, y otras cosas que no se pueden mencionar en este documento.

Así que oficial, esto es todo lo que puedo decir con respecto a hoy y ahora de lo que esta pasando en la calle donde vivo. Espero que nada de esto interfiera con su investigación. Yo se que hay un asesino suelto y que dicen que esta loco, pero en mi cuadra no pasa nada raro.

lo que se dé

“Lo que se dé”, en las manos (es un papel).

Se tropiezan las hojas,
se rompen algunas raíces
y se plantan nuevos recuerdos.

En tu mirada desafío el envejecimiento,
ayer, y hoy es el mismo.
Utopía o realidad, o a quien le importa,
futuro en el presente y el calor en las manos por todos estos años de gente.

¡Este es el camino hacia un año sin imágenes!
Y el mandato no es tortura, es vida de lo imprecedente.
Y
Un recorte del diario con el título “Lo que se dé” salió volando por la ventana. Aterrizó en un ombligo de una plaza el viernes después de (probar) 20 zapatos rotos y una (película) italiana, el piso estaba pegajoso, un grito (en silencio) en su cabeza, y sin electricidad para el ventilador esa tarde de verano que el único viento(*) se llevó el diario.

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* (…o el viento único? el viento es único cada vez. importa aclarar que por un acuerdo firmado en el siglo XII se dejaron de contar los vientos y se llamo solo “viento” a cada fracción de viento diferente al viento anterior. Habrían tenido problemas los aldeanos de York al hablar del viento 18899823678657234, cuando en Madrid se estaba en el viento 267823462348917468, la cuenta era claramente absurda de mantener, pero muchos reconocen que ahora se habla del viento como una entidad única y se perdió la noción de impermanencia en algo tan impermanente como los hijos y familiares del primer viento. Así también han sufrido todas las cosas impermanentes, que de hecho son todas las cosas que hay, por simplificar la numeración que alcanzaba digitos imposibles de recordar hemos, en el marco de la asamblea del siglo XIII, dejar de nombrar los cambios en la existencia de dichas cosas, pero repito, ahora, por desgracia, nos hemos olvidado de la impermanencia de todo, de que nada nunca es igual. Este texto ya ha de haber cambiado millones de veces, una en cada lectura, en cada pantalla, y vos (ni yo a veces) ni siquiera nos damos cuenta ni somos los mismos.

despertar meditando

La red neuronal se extiende de papel a televisión, pasando por las conexiones de Internet. La cabeza gira. Un hombre se levanta solo en su cama, repite diez canciones en forma aleatoria, sin orden, pero de la misma forma que las escuchó. Está perdido, no encuentra un punto de referencia propio, no sabe lo que realmente siente porque fue dictado las últimas 24 horas por aparatos aleatorios que lo dejaron mareado. No escuchó ninguna canción elegida por él, sino que una cuenta matemática de un reproductor le fue ofreciendo una ensalada musical que él escucho llevado por su sed ansiosa. Llevado por esta sed de búsqueda, fue oliendo noticias en diarios, mirando programas repetidos en la tele, y se fue a dormir con una incertidumbre que no acostumbraba.

Se despertó entonces mareado por dentro, firme por fuera. Parado en medio de su cuarto no hizo mas que dudar en vez de avanzar a la nueva avalancha, la misma que ayer había sufrido. Se quedó con la duda de: ¿Qué hubiera leído en el diario, y de que hubiera visto en la tele y de que hubiera escuchado en su computadora? ¿Porque surgió la duda? ¿Porque surgió el freno? Pero la comodidad de tener la duda le fue de mayor satisfacción que la respuesta que esta podría tener, dejaba en el aire así una suerte de remolino que esta vez, este día, no lo llevaría dentro. Parado ahí hizo en unos breves 3 segundos el resumen mental de lo que recién fue explicado. Permaneció en silencio.

Inmóvil. Y así sigue ahora. No se anima a dejar que un pensamiento lo lleve. Deja todo pasar, menos a su integridad de estar en el presente. Su necesidad de ir al baño la reconoce como un reflejo, un hábito, y ve que realmente no es una urgencia, entonces pasa eso, como la necesidad de moverse, el quiere estar quieto, quiere conocerse, saber cual es su verdadera …emoción? No. Que es lo que esta pasando dentro de él que no este influenciado por lo que entra de afuera, algo así es lo que esta buscando en la quietud. Porque quiere ir en busca de una canción que se refiera a lo que le pasa a él, y no que una canción le dicte un sentimiento al oído que no es el suyo. Primero su mente como un viento lleno de cosas vacías lo mueve, pero él permanece ojos abiertos firme frente al pensamiento, descifrando cada segundo, desbloqueando lo que sea que su mente arme. Lapsos de silencio se van armando, y los recibe con gran gozo. Ojos abiertos, despierto, presente infinito, sentidos inmensos, relajado y atento al mismo tiempo. Un océano de tranquilidad invade su existencia, encontró su emoción: paz.

cielo corcho

Héctor llegaba a la casa de sus amigos y a cierta hora y con cierta mirada agarraba un libro por su tapa, lo sostenía por encima de la altura de su pecho, con el brazo extendido, comenzaba a soltar las hojas y con el dedo pulgar frenaba sin aviso, en una página, sin mirar usaba la mano izquierda para arrancar esa hoja y la guardaba bruscamente en su bolsillo. La gente lo miraba perplejo, pero al terminar su magia, todos volvían a la conversación que estaban teniendo como si nada. Si las personas ya estaban acostumbradas al acto errático de Héctor o no, queda por comprobarse. Lo cierto que es que Héctor repetía la maniobra una vez por semana, lo venía haciendo durante meses. Empezó un día de Octubre y ahora venía por Junio.

Llega a su casa, saca la hoja de su bolsillo izquierdo de su campera de cuero marrón clarita, la abre, sin leer extiende su mano derecha sobre la mesada, agarra un chinche color rojo y la pega en su pared de corcho gigante.
En su living tiene esta pared de 2 metros por 2 metros de corcho donde tiene enchinchado todo tipo de hojas de libros robados, todas arrancadas, algunas arrugadas, queda espacio para 20 hojas más. Las coloca sin orden. “Sin orden aparente” le gusta decir.

Tiene una teoría sobre el orden de sus hojas.

Dice que va a encontrar un cuento escondido entre la líneas de todas las hojas, uno de los varios, ya que habrían varios cuentos por descubrir. Dice que como el orden desordenado de las estrellas, las oraciones de estas páginas pueden alinearse formando un nuevo orden, sin importar el día en que se escribieron, el autor, el origen, flotan en armonía como estrellas en su cielo corcho, queda en él la misión de encontrar las conexiones entre las oraciones.

Héctor no es un loco, no es esquizofrénico ni nada por el estilo. Él es un administrador de cuentas en una importante inmobiliaria. Hasta hace poco no podía diferenciar Cortázar de García Márquez. Porqué habrá empezado a arrancar así las hojas y en un rapto de soledad instalar el corcho de 2 x 2? Quizá ni siquiera él mismo lo sepa.

 

no saber viajar

en lugar de ver la hojas viajar,
es mejor verlas morir en su lugar.

no llegar con los pies, solo con la cabeza.
no poder agarrar nada, pero estar aferrado a todo.
no poder sacar, sin parar de sumar.
no querer frenar,
no saber viajar
no querer mirar.

Cristales y vidrios rotos fragmentos esparcidos desordenadamente sobre un lisa y uniforme superficie
perfectamente lisa
y las respectivas plantas de plástico dentro de la casa, en macetas de verdad.

Ella que limpia, él que rompe.
Encuentran la excusa oculta:
El: Fotos sin sacar: eso es lo que son.
Ella: Suspendidas en el aire, esperando existir, esperando sus cazadores.

Todo lo que vemos son fotos sin sacar.
Todo el silencio son sonidos esperando sonar.

Mientras tanto, en su jardín, tres arboles se preguntan equivocados cual es el destino de su resma esencia una oficina gubernamental o un colegio elemental. Miran la impresora con pánico existencial.
Luego se darán cuenta, morirán de pié.

Una persona que no sabe escribir,
o que sabe escribir pero no escribe nada
y lo peor es que escribe de todo, pero nada de adentro,
todo es un calco o una repetición del afuera,
el afuera. ese limite que esta tan cerca y es siempre horizonte
allí afuera o acá afuera?
donde está el afuera?
que es afuera y que es adentro, cuantas partes tiene el adentro, una sola? miles? millones?
ninguna entonces.

Manoplas

El piso sigue ahí. Siempre esta el piso, en todos lados hay pisos.
Un hombre con manos gigantes, estamos hablando de manos de 30 centímetros de largo entra a un bar, empuja la puerta, pasa y se sienta. La gente lo mira como uno más, todo es normal, menos sus manos. Se sienta en una de esas mesas altas modernas con banquitos altos que parecen cancheras pero son muy incomodas y levanta sus manos enormes para pedir un trago. El dedo solo mide 15 centimetros. Espera que la gente lo mire pero no solo no le ve nadie sino tampoco la mosa lo ve. La mosa esta cerca de la barra pero mirando para el otro lado. El tipo de las manos gigantes empieza a decir “señorita!”, pero le sale medio tímido y no parece llegar al odio de la mosa, pero si al de otro pibe que esta al lado de ella, la mosa se da vuelta y tiene ojos de ardilla, chiquititos y orejas de bebe recién nacido.